domingo, 29 de agosto de 2010

Asi fueron los astures


Los astures, por este tiempo, descendieron con un gran ejército de sus nevadas montañas. Y no era a ciegas que aquellos bárbaros emprendían el ataque sino que, poniendo su campamento junto al río Astura, dividiendo el ejército en tres columnas, se preparaban para atacar a un mismo tiempo los tres campamentos romanos. Y hubiera habido una lucha cruenta y dudosa (...) de no ser por la traición de los brigaecinos que avisaron a Carisio y éste actuó con su ejército (...) La poderosa ciudad de Lancia acogió los restos del ejército en derrota y se luchó en ella tan encarnizadamente que, cuando tomada la ciudad los soldados reclamaban que se la pegase fuego, a duras penas pudo conseguir el general que se la perdonase para que, quedando en pie, fuese mejor monumento para la victoria romana que incendiada.

Lucio Anneo Floro.

sábado, 28 de agosto de 2010

Sobre los cantos paganos en los funerales godos

Los cánticos en los funerales paganos fueron prohibidos solo en los Concilios de Toledo en el siglo VI, ya durante el establecimiento el reino Godo de Hispania, pero es posible que fueran sustituidos por los salmos cantados (psalmon), que fueron oídos mas y mas frecuentemente en los entierros Godos (usfilh, gafilh), como parte de esa incorporación al cristianismo de los ritos paganos seculares godos, ahora practicados dentro del cristianismo

Christianity and Germanic Religious Beliefs

viernes, 27 de agosto de 2010

Por fin!!!. Parece que poco a poco, la historia de España empieza a interesar

Galaicus es el título de la película, que producirán Luis Tosar y Farruco Castromán. La acción se desarrolla en el siglo II antes de Cristo y habrá batallas -por supuesto-, pero también una historia de amor entre un comandante romano y una reina celta, los habitantes que en ese momento poblaban Gallaecia. El filme se inicia en el año 137 a. C., cuando tras la muerte de Viriato y la rendición de los pueblos lusitanos llega el procónsul de Roma Décimo Junio Bruto -que recibirá el sobrenombre de Galaicus- hacia los territorios de los galaicos. Allí, su comandante Máximo, para salvarle la vida, mata al príncipe galaico Vetilo, y cuando Ambala, su viuda, vaya a reclamar el cuerpo, saltará la chispa entre Ambala y Máximo... aunque Décimo también caerá enamorado. El trío viaja a Roma, a rendir cuentas en la capital del Imperio. La pareja huye, Máximo se convierte en el líder de los pueblos galaicos, y Décimo vuelve a Gallaecia para la batalla final.
El rodaje de Galaicus comenzará a finales de 2011 o inicios de 2012, pero nosotros ya podemos enseñar los bocetos con los que están trabajando en la preproducción, para, por ejemplo, levantar entero un castro. Costará unos cuatro millones de euros.

lunes, 23 de agosto de 2010

La España visigoda - Cultura

El Reino de España siguió siendo, como durante el Bajo Imperio, un foco cultural de primer orden en Europa.
Hidacio y Orosio fueron los más sabios de su época.
Se fundaron nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora.
Las sedes episcopales organizaron escuelas y se convirtieron en focos de cultura.
San Isidoro, obispo de Sevilla, fue reconocido como el más sabio de su tiempo. Escribió innumerables obras. "Las Etimologías" resume las ciencias y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el Sabio. También escribió: ”Historia visigothorum, sueborum, vandalorum”, “Chrónica, y “De Virus illustribus”. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los estudios de la Antigüedad clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.
Cabe destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros: San Leandro de Sevilla. Martín de Braga. Braulio de Zaragoza. Julián y Eugenio de Toledo. Fructuosos de Braga, Valerio del Bierzo.
La influencia cultural gótica en la formación de España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos talares romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones y voladizos en las casas los introdujeron los godos. Las reglas armónicas de la música son godas. Nuestro concepto del honor es godo, así como gran parte de nuestra ética. La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y léxico de palabras góticas. Son palabras góticas: zapato, gorro, galones, templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda, bandera, ganado, heno, Galindo, Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Rico etc. Los españoles somos godos, tanto es así que todavía hoy día a los peninsulares se les llama en las islas Canarias godos.
La filóloga Jurate Rosales ha demostrado que la lengua Castellana o Español en la forma de hablar el Latín vulgar los godos (bálticos). Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las silabas latinas ki y ti, en el cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia de t en la terminación de la tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas bálticas.
Esta memoria histórica se conserva muy viva en la Edad Media, tanto es así, que en el año 1073, el prusiano Adán de Bremen, escribía que llegaban a la isla de Curlandia, peregrinos godos de Espanna (nn: ñ) y Grecia
Por Javier Albert Gutiérrez, profesor de Historia.
Nueva Gothia Blogspot

miércoles, 18 de agosto de 2010

Maderuelo 2010

Ante la amenaza de nuevas incursiones almohades y leonesas, los freires templarios de la Veracruz deciden guarecer su venerado Lignum Crucis tras la seguridad de los muros de Maderuelo.
Una Algarada tiene lugar en torno a la Vera Cruz y el enemigo tomará al asalto las calles de la Villa.
Con la venida de la Cruz,las gentes de la Villa acuden a adorarla y presenciaremos milagrosas sanaciones.

martes, 17 de agosto de 2010

Paracense 2010

Representación de altar religioso a la virgen, basado en al iconografía representada en las cantigas de Alfonso X el sabio, rey de Castilla y Leon.
Festival medieval de Paracense 2010

Recreando visigodos

Grupo de recreacion visigodo frances (Alsacia) - Godos al servicio del imperio romano

Los comienzos de la conquista de Hispania: La batalla del río Orbigo (456)

El punto de arranque de esta campaña hay que buscarlo en dos hechos de suma importancia acaecidos en el siglo V: la elección con el apoyo de los visigodos de Marco Flavio Maecilio Aviti como emperador de Occidente el 9 de Julio de 455 – tras el asesinato de Valentiniano III y Aecio – y la campaña de expansión de los suevos de la mano de su rey Reckiario – yerno de Teodorico I – en Hispani. Respecto al primero de ellos, fue el monarca visigodo Teodorico II – hijo de Teodorico I y asesino de su hermano Turismundo – el que convenció al noble galoromano para que aceptara la corona imperial, entonces vacante. Las palabras del monarca visigodo, según Sidonio Apolinar, fueron:

“Es preciso que proclames Augusto. A nadie privas del Imperio; pues no esta en mano de nadie. Si tú te pones al frente de los destinos de Roma, ésta puede contar con mi amistad; si tú te proclamas príncipe, yo seré tu soldado.
Es imprescindible que el orbe se ponga a tus ordenes, si no quieres perecer”.

Es difícil conocer las razones que empujaron al monarca visigodo a adoptar esta decisión, pero está claro que su amistad con Avito era autentica y su lealtad al nuevo emperador indiscutible. Esto queda patente en el hecho de que renuncio a su expansión mas allá del Loira con objeto de proteger a su nuevo aliado. Igualmente, podemos decir que el culto Avito, que había enseñado al monarca visigodo el Latín, se comporto de la misma manera con su aliado, permitiéndole entrar en Arles, por la que con infatigable tesón había luchado sus predecesores.
Esta amistad explica en parte la actitud del monarca visigodo ante el segundo hecho decisivo que hemos citado: la política expansiva de Reckiario. Decimos en parte porque si la alianza con Avito explica el hecho de que en la campaña contra los suevos los visigodos iban a actuar como tropas imperiales, también lo es que, desde Ataulfo, los monarcas visigodos habían puesto sus ojos en Hispania. Un ejemplo de ello lo tenemos en el 454, cuando Teodorico II y su hermano Federico (fratricida como el), habían intervenido ya en la Tarraconense contra las bagaudas. Coalición formada por campesinos empobrecidos y algunos pueblos germanos y no germanos, como los vascones. Que sembraron la anarquía en la Galia e Hispania durante el siglo V. Es muy posible que ya entonces el monarca visigodo pensase en la formación de un reino en la Galia e Hispania que tuviera como espina dorsal los Pirineos. Si esta era la idea de Teodorico II, los suevos le iban a dar una excelente excusa para llevarla a cabo.
Reckiario era rey desde el año 445. Convertido al catolicismo en el 448, inicio entonces una política de expansión en toda Hispania que le llevó a controlar la mayor parte de ella hacia el año 450. Sin embargo, ni su pueblo, ni el mismo estaban a la altura de sus ambiciones. El pueblo suevo, según Osorio, habían tornado sus espadas por arados y, además, según Reinhart, no debían de sumar en su totalidad, mas de 30.000 personas, de las que solo 8.000 eran guerreros; en cuanto a su rey, Torres Rodríguez nos lo describe como:

“criado en un ambiente de mimoso triunfalismo, mas audaz que previsor; animoso si y hazañoso, pero con mas percusión que fortaleza y mas osadía que valentía”

Esta suma no era, desde luego, la mejor de las recetas para moverse en la Europa del siglo V, donde hombres inteligentes, codiciosos, aventureros y heroicos, trataban de hacerse con los despojos del imperio Romano.
Tras la batalla de los campos Catalaunicos y la consiguiente recuperación del poder imperial, Reckiario se vio obligado a firmar un tratado con los romanos en el 453 por el que devolvía las conquistas realizadas, convirtiéndose en aliado del Imperio. Pero en el 456, considerando la autoridad de Roma debilitada, Reckiario atacó la Cartaginense, provincia que había devuelto a Roma en el tratado de 453. Ante este hecho, Avito, como cabeza del Imperio Romano de Occidente, y Teodorico II, como su fiel aliado, enviaron una embajada al rey suevo, presidida por el conde Frontón, el mismo que había firmado el tratado del 453 con Reckiario.
La actitud del rey suevo ante la comisión imperial fue despectiva, amenazando incluso con atacar Tolosa. Esta era la excusa que necesitaba un personaje tan frío y calculador como Teodorico II para emprender una campaña contra él.
En primer lugar, envió una flota con siete barcos y unos 400 guerreros hérulos a la costa de Lugo, con objeto de sembrar la alarma en la retaguardia enemiga, evitando que los suevos cruzaran los Pirineos y avanzaran hacia Tolosa. Las fuerzas de Teodorico II fueron rechazadas por los suevos, aunque solo sufrieron dos bajas.
Mientras estas fuerzas atacaban la retaguardia sueva, el monarca visigodo entraba en contacto con francos y burgundios, no solo para reforzar su ejercito, sino también con objeto de evitar un ataque por la espalda. Además reforzó su ejercito con hérulos y varnos, como explica Jordanes. Una vez que tuvo sus fuerzas listas, y consciente de su superioridad, como indica Torres Rodríguez, envió una nueva embajada, portadora de un ultimátum a Reckiario. El monarca suevo contesto con una nueva campaña de pillaje en la Tarraconense. Ante esta actitud de Reckiario, Teodorico II se puso en marcha con su ejercito. San Isidoro escribió que Teodorico II

“Partiendo de Aquitania entra en Hispania con un gran ejercito y con el consentimiento del emperador Avito”

En apariencia, esta expedición tenia por objeto cumplir las ordenes del emperador contra el desleal monarca suevo, pero el verdadero propósito del visigodo era expansionar su reino en Hispania.
Desde Aquitania, el ejercito godo pasó los Pirineos y penetro en Hispania. Teodorico II tuvo gran cuidado de atravesar lo mas rápidamente posible la tarraconense, una provincia romana, con objeto de que no se le pudiese acusar de intentar conquistar territorio imperial.
El monarca godo era consciente de que era arriano, mientras la inmensa mayoría de la población hispanoromana era católica, como también lo eran los suevos. Teodorico II era lo suficientemente inteligente como para pensar que, dado el odio que los católicos sentían por los arrianos, si existía la mas mínima sospecha de que pretendían apoderarse de Hispania, la población de este territorio podía unirse a Reckiario, constituyendo asu un enemigo formidable. De ahí que en ningún momento dejara de advertir que actuaba para restablecer el poder imperial violado por los suevos.
La ruta que siguió, por tanto, fue cruzar los Pirineos por Roncesvalles y, siguiendo la vía romana, pasó por Pamplona y Briviesca, desde donde marcho a Astorga (León), ciudad en la que Reckiario tenia su base de operaciones.
Durante esta marcha las tropas godas no encontraron resistencia hasta que llegaron a las inmediaciones del río Orbigo, a 12 millas de Astorga, allí les esperaba el ejercito de Reckiario, que había iniciado una marcha apresurada desde la Tarraconense, donde se hallaba realizando la campaña de pillaje anteriormente citada.
La batalla tuvo lugar el 5 de Octubre del año 456. Conocemos su localización gracias a las obras de Jordanes e Hidacio, el gran cronista de los suevos. Sin embargo sabemos muy poco del desarrollo de la misma. Torres Rodríguez afirma que los ejércitos de ambos contendientes eran similares en numero, pero con importantes diferencias cualitativas. Los godos eran superiores en numero y fiereza, en caballería, armamento, instrucción, experiencia bélica y disciplina. Eran los mismos hombres que cinco años antes habían destrozado al ejercito del temido Atila. Por el contrario los suevos eran mas depredadores que fierons luchadores. Su ejercito se componía fundamentalmente de infantería, mal equipada y peor entrenada. La cual no había mantenido grandes luchas ni gestas desde hacia muchos años. Mas acostumbrada a saquear granjas de campesinos y esclavas, que a luchar contra fuertes ejércitos de hombres curtidos en la guerra.
Poseían algunas fuerzas de caballería montadas en pequeños y veloces caballos, pero no habituadas a la lucha contra unidades similares y dotadas de escasa instrucción. En estas condiciones, la batalla tenia ya antes de comenzar un solo resultado posible : la victoria de Teodorico II.
La lucha debió de ser frontal, según el historiador anteriormente citado, sin ninguna celada, estratagema o maniobra táctica. Parece ser que la resistencia de las tropas suevas se quebró ante la primera carga de la caballería goda. Primero lanzaron sus armas arrojadizas y a continuación acometieron con sus lanzas y espadas. Uno de los dardos alcanzó al propio Reckiario, que tuvo que ser retirado del campo de batalla y trasladado a Braga. Mientras esto ocurría, sus hombres fueron diezmados por los gardingos godos. Las bajas de los suevos fueron entonces enormes, auque un grupo numeroso de ellos, la mayoría a caballo, pudo huir en dirección Braga, dejando a sus compañeros en el campo de batalla.
Esta victoria de las tropas visigodas suponía el fin de toda posibilidad de dominio suevo en Hispania, y el comienzo del asentamiento de los visigodos en ella. San Isidoro lo explica con una frase significativa

“ Y allí (Hispania) fijaron su hogar y su imperio los visigodos”

Sin embargo Teodorico II no se conformaba con haber derrotado al ejercito suevo en la actual provincia de León, sino que estaba dispuesto a asentarse en Hispania, y para ello era necesario acabar con el poder de cualquier pueblo rival.
Roma, de la que era aliado, y como tal seguía actuando, no constituía ya ningún peligro, pues el poder imperial se desmoronaba. Pero Reckiario y las escasas tropas que aun disponía si. Por eso, tras dejar una guarnición en Astorga y avituallar a su ejercito, se encamino hacia Braga. Su objetivo era aniquilar el reino de los suevos.
El 27 de Octubre llegó a la citada ciudad. En ella no se encontraba Reckiario, que había huido con unos pocos partidarios hacia Oporto. Tras saquear Braga, especialmente los edificios de la iglesia católica que tanto había apoyado la causa del rey suevo, se encamino en dirección Oporto. Al enterarse de esto, Reckiario trato de huir nuevamente. Esta vez por mar hacia Italia, donde podría unirse a su compatriota Recimero, entonces magíster militum de Italia.
Aunque consiguió embarcar, una borrasca le obligo a regresar a su punto de partida, donde, hecho prisionero, fue entregado a Teodorico II. El monarca visigodo ordeno que fuera degollado. Terminaba así la aventura de un rey cuyos sueños de grandeza no se ajustaban ni a la capacidad militar de su pueblo ni a sus propias virtudes políticas. Pero al contrario de lo que podría suponerse por la aplastante victoria de los godos, su trono no desapareció. Sino que iba a durar un siglo y cuarto mas, aunque como un autentico protectorado de los visigodos y limitado a la región montañosa de Galicia.
Por su parte, Teodorico II, tras la destitución y muerte de Avito en Septiembre del 456, continuo su política de expansión por Hispania. En este sentido, San Isidoro escribe:

“Teodorico marcha victorioso de Galicia a Lusitania y, cuando pensaba depredar la ciudad de Mérida, retrocede aterrado ante los milagros de la beatísima mártir Eulalia. Seguidamente, asustado por noticias adversas, sale de Mérida y se dirige a las Galias, enviando de nuevo a las regiones gallegas parte de su ejercito con sus generales, quienes, tras saquear la región de Astorga, regresan otra vez a las Galias.”

Esta política del rey visigodo fue posible gracias al triunfo de la batalla del rio Orbigo. Torres Rodríguez ha plasmado perfectamente el significado de este hecho en el siguiente parrafo:

“(..) de lo que no cabe la menor duda es de que Teodorico II, con la victoria en el rio Orbigo, el saqueo de Braga y la ejecución de Reckiario y de sus consejeros. Habia arrebatado a los suevos la bandera del dominio nacional de España. Sus objetivos inmediatos fueron la incorporación de la lusitania y de la Betica al reino visigodo, los cuales tuvo la fortuna de ver logrados antes de terminar sus dias. La definitiva eliminación del reino suevo y la conquista del resto de España habia de ser tarea larga, reservada a sus sucesores”
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –

sábado, 14 de agosto de 2010

Percival - Sowa - Wolin 2010

Las luchas contra los vascones

Los vascones, aparecen en la historia militar, como bien indica Garate Córdoba, en la segunda guerra punica, formando primero parte de los ejércitos cartagineses y, mas tarde, de los romanos. Pueblo duro, indómito y pobre, soportan muy bien la dominación romana, tal vez porque necesitaban su ayuda contra los cantabros y astures (celtas), sus enemigos seculares. Esta lealtad a Roma les llevo a formar parte de la guardia personal de Octavio Augusto, como estudio García Bellido. Mas tarde, tras la derrota de astures y cantabros, se integraron en la milicia romana, no siendo ningún factor de perturbación para el imperio.
No obstante, esta situación comenzó a cambiar cuando Roma entro en crisis. Según Sánchez Albornoz, fueron los reductos vascones no romanizados de los Pirineos los que unidos a campesinos empobrecidos por la presión fiscal imperial constituyeron las bandas bagaudas que asolaron el valle del Ebro en el siglo V. Esta teoría del gran medievalista español ha sido puesta en duda por diversos historiadores posteriores, como Gonzalo Bravo , que niega la identificación entre vascones y bagaudas. En todo caso, no se puede negar que hubo cierta relación entre los habitantes de Vasconia y los integrantes de las bagaudas, que actuaron juntos contra los ejércitos que enviaba el Imperio contra los saqueadores. Así ocurrió en el 411, cuando el general romano Asturias actuó contra los bagaudas en territorio vascon, o en el 443, cuando le correspondió el turno a Merobaudes.
Esta situación se complico mas si cabe con la invasión de Hispania por los pueblos germánicos. El suevo Reckiario actuó contra las bagaudas en dos campañas localizadas en los años 499 y 456; mientras que Federico, hermano de Teodorico II, lo hizo en el 455. Tales acciones fomentaron la hostilidad de los vascones hacia los pueblos germánicos, que asolaban ahora sus tierras cuando ya estaban liberadas del poder romano.
Desde este momento, los vascones vivieron un estado de guerra permanente contra los pueblos invasores, especialmente los visigodos. Pero no fue una guerra convencional entre dos ejércitos que luchaban por conquistar un territorio. Pues las acciones desarrolladas por los vascones tenían por objetivo el pillaje – una de sus actividades primordiales hasta bien avanzada la edad media. Como queda patente en el códice Calixtino-, mientras que los visigodos intentaron evitar las mismas, arrebatando a éstos el territorio en el que se asentaban, o, si esto no era posible por las dificultades orográficas, infligiéndoles duros castigos y estableciendo un limes, como ya sabemos. Esta actitud de los visigodos queda patente desde época muy temprana. Así, durante el reinado de Eurico se apoderaron del territorio vascon y conquistaron Pamplona en el año 481. San Isidoro, refriéndose a esta acción del gran rey visigodo, escribe.

“Después , enviando su ejercito, se apodera de Pamplona y Zaragoza y somete a su dominación la Hispania superior”

No por mucho tiempo. La crisis en la que entro eñ reino visigodo tras Vouille permitió a los vascones recuperar su territorio, que fue independiente hasta el reinado de Leovigildo. El gran rey arriano inicio en el año 581 una campaña contra ellos, como nos indica Juan de Biclaro. Es difícil explicar este hecho, si tenemos en cuenta que en ese momento el monarca visigodo tenia que hacer frente a enemigos mas poderosos, como eran los bizantinos en el sudeste, o si propio hijo San Hermenegildo (Cristiano).
De nuevo, Orella Unzue aprovecha este hecho para afirmar que los vascones eran un enemigo tan poderoso para los visigodos como los bizantinos. Sin embargo, esta explicación cae por su propio peso. Bizancio era, desde el punto de vista militar, el enemigo mas fuerte que jamás tuvieron los visigodos, junto a lo francos, mientras que los vascones no pasaron de ser un grupo que perturbaba la frontera norte. La razón de que Leovigildo arremetiese contra ellos en el 581 hay que buscarla en el hecho de que en una de sus expediciones de saqueo, según Thompson, habían llegado al Mediterráneo, ocupando la ciudad de Rosas. El monarca godo decidió castigar de forma severa a los montañeses del norte, lanzando contra ellos una fuerte acción que los expulso primero de dicha ciudad y luego continuo en sus propias tierras, parte de las cuales pasaron al poder godo. Leovigildo no se contento con eso, sino que además fundo la ciudad de Victoriacum en un paraje cercano a la Vitoria actual para controlar a los vascones. Y construyo el limes del que hemos hablado con anterioridad.
Los combates entre ambos pueblos continuaron en el siglo VII, aunque los vasconesse mostraron incapaces de reconquistar el territorio que les había arrebatado Leovigildo. Suintila, el monarca que expulso de forma definitiva a los bizantinos, llevo una campaña contra los vascones en los años 621 y 622 para castigar sus correrías de pillaje en la Tarraconense. San Isidoro nos proporciona el siguiente relato de la misma:

“Hizo también al comienzo de su reinado una expedición contra los vascones, que con sus correrías infestaban la provincia de la tarraconense, en aquella ocasione, estos pueblos, acostumbrados a correr por las montañas, fueron victimas de tal terror ante la llegada de Suintila, que al punto, como si reconocieran ser justos deudores, arrojando sus armas y dejando expeditas sus manos para la suplica, doblegaron ante el sus cuellos, suplicantes; le dieron rehenes, fundaron la ciudad goda de Ologico con sus prestaciones de trabajo, y prometieron obediencia a su reino y a su autoridad y cumplir cuantas ordenes les fueran impuestas”.

Sobre este texto, Orella Unzue afirma

“Esta edificación de Olite, suponía un duro revés para los vascones que veían así frenada su expansión hacia el Ebro, pero no impediría que según San Braulio en el 625 los vascones amenazaran de nuevo al región de Zaragoza”

La ciudad de Olite aparece en los textos como Oligitum, no como Iriberri.
Sin embargo, con esta acción no terminaron las correrías de los vascones. Durante el reinado de Recesvinto se unieron al pretendiente Froya, enfrentándose de nuevo a los visigodos. La situación se repitió durante el de su, Wamba, en los años 672 y 673, coincidiendo en este caso con la rebelión del duque Paulo en la Septimania, a la que según San Julián, los vascones pretendían ayudar.
En su historia Wambae – la mejor fuente para el conocimiento de este periodo - , San Julián hace referencia a esta coincidencia:

“En aquel tiempo, cuando estas cosas ocurrían dentro de las Galias, el religioso príncipe Wamba, que estaba en la parte de Cantabria disponiéndose para combatir contra las feroces gentes de los vascones, entra con todo el ejercito por tierra de vasconia”

El hecho de que aparezca el nombre de Cantabria ha llevado a Orella a afirmar:

“Wamba se encontraba en estos momentos en Cantabria luchando contra los vascones, no en una guerra de conquista, sino en una campaña de contención de unos vascones que se habían incrustado en tierras visigodas”

Sin embargo, como muy bien ha explicado Orlandis, no se trataba de que los vascones, que Thompson confunde con los vascos, cuando jamás ha existido un pueblo vasco, desde ningún punto de vista. Hubieran conquistado Cantabria, que nunca fue vasconia., sino que esta región de España era en esos momentos la base de reclutamiento y de partida para el ataque contra los vascones. Ataque que el rey visigodo llevaría a cabo con notable éxito. así lo narra San Julián:

“apenas se llega con todo el ejercito a las partes de vasconia, se lleva a cabo con tanta eficacia el saqueo de los campos, el hostigamiento de los castros y el incendio de las casas, que al cabo de siete días, depuesta la ferocidad de sus ánimos, los rebeldes aceptan someterse y, pagados los tributos consiguen para si la vida y la paz entregando rehenes, no tanto por los ruegos como por los regalos”

Si Wamba no acabo con las acciones de pillaje de los vascones de forma definitiva fue porque la rebelión de la Septimania, que mas adelante explicaremos, le obligo a llevar sus fuerzas allende los Pirineos. así lo explica San Julián:

“por tanto, aceptados los regalos, cobrados los impuestos, concertada la paz y emprendimiento marcha directamente a las Galias (...).

La ultima campaña visigoda contra los vascones tendrá lugar durante el reinado de Rodrigo. De acuerdo con las crónicas, el ultimo rey visigodo se encontraba sitiando Pamplona cuando se produjo el desembarco de tariq, que había de suponer, como una vez dijo Claudio Sánchez Albornoz, la “perdida de España”. En ese sentido, Garate Córdoba escribe:

“El hispanismo de los vascones frente a los hispano-godos tal vez contribuyo a la perdida de España, deteniendo muy lejos al ejercito que habría de salvarla”.
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –

jueves, 12 de agosto de 2010

miércoles, 11 de agosto de 2010

Wolin 2010

martes, 10 de agosto de 2010

Milicias concejiles en el reino de Castilla S XII - XIII. Por Raimundo Meneghello

La concepción y comprensión de Edad Media en la Península Ibérica es inseparable de la lucha entre los reinos cristianos y el al-Andalus. España fue una tierra de fronteras donde cristianos y musulmanes se enfrentaron en lo que actualmente se llama, no sin ciertos reparos, “Reconquista”. De esta forma la violencia fue un componente permanente en la conformación de la sociedad hispana, una sociedad convencida de que vivía y luchaba una Guerra Santa, en una tierra santificada por la tumba del apóstol Santiago y que debía ser recuperada para el cristianismo, arrebatándosela a los musulmanes que injustamente se habían apropiado de ella.
Las características de esta sociedad, permitieron la aparición de ciertas particularidades como fueron las formas de vida en la frontera, caracterizadas por una fuerte militarización de y una considerable autonomía respecto al poder real. Parte importante de está organización social la componían las milicias concejiles o urbanas, instrumentos al servicio de la corona y de los intereses de sus ciudades y villas.
En el presente estudio, a través del uso de fuentes cronísticas contemporáneas y bibliografía moderna, pretendemos describir una visión panorámica de las milicias castellano-leonesas de los siglos XII y XIII, como reflejo de una sociedad que debió aprender a convivir en un clima casi permanente de hostilidad bélica. Es cierto que a partir del siglo XI el conflicto se centró en la zona fronteriza entre la España cristiana y el Al-Andalus, frontera que además, a partir del siglo XII experimentó un progresivo avance que la alejaba del centro de la zona peninsular. Pese a ello las grandes invasiones de los Almorávides (1086) y Almohades (1145), así como los Meriníes (1275) causaron periódicos episodios de temor, inestabilidad y retroceso de la “Reconquista”, que obligaron a los soberanos y habitantes de la península a realizar grandes esfuerzos bélicos, en los que se vieron afectados no solo los pobladores de la frontera sino también aquellos de los territorios del interior.
Por este estado casi permanente de guerra y la forma en que se desenvolvió el conflicto no es de extrañar que la sociedad hispana desarrollara una doble mentalidad respecto al hecho bélico. Por un lado se organizaba para la guerra y lucraba con ella a través de la siempre tentadora presencia del botín y la venta de cautivos, pero por otro lado debía sufrir las consecuencias de muerte y destrucción que la contienda causaba. Al respecto Don Juan Manuel no dudaba en calificar la guerra como el peor mal que podía afectar al reino:

Señor infante, segund dizen los sabios todos, y es verdat, en la guerra ay tantos males que non solamente el fecho, mas aun el dicho, es muy espantoso, et por palabra non se puede decir quánto mal della nasçe et por ella viene. Ca por la guerra viene pobreza et lazeria et pesar, et nasçe della desonra et muerte, et quebranto et dolor, et deserviçio de Dios et despoblamiento del mundo, et mengua de derecho et de justiçia.

Pese a esta visión terrible de la guerra, el conjunto de la sociedad hispana parecía entenderla como un mal necesario, una actividad a realizar tanto por motivos políticos, como el fortalecimiento del poder de la monarquía y la recuperación del territorio hispano tradicional; religiosos, la derrota de los infieles sarracenos, el fortalecimiento de la iglesia peninsular y la recuperación de una tierra considerada sagrada y finalmente razones de índole económica, como era el ya mencionado enriquecimiento producto del comercio del botín y cautivos, el aumento de las tierras cultivables y el crecimiento de las propiedades de los nobles.
Milicias
El término milicias o concejos es ampliamente usado por los cronistas para referirse a una sola institución: las fuerzas de combate y defensa conformadas por los habitantes de un núcleo urbano, que convocadas y controladas por el Concejo de la ciudad o poblado, contaba con su propia estructura de mando. Estas milicias debían obediencia a la monarquía del reino, pero tenían una cierta autonomía para iniciar sus propias acciones; esta independencia relativa les venía dada por los fueros y cartas pueblas, aprobadas por el rey, que regulaban a la urbe y sus territorios.
El origen de estos grupos armados se remonta a la tradición germánica previa a la época de las grandes invasiones de los siglos IV y V. Por tradición los hombres libres debían acudir a la guerra, ante el llamado de su rey,, estando obligados a permanecer con la hueste hasta el final de la campaña.
En la Península Ibérica el fenómeno de las milicias estuvo presente, con algunas diferencias, tanto en los reinos cristianos como en los musulmanes, siendo un elemento constante en las distintas acciones bélicas de la llamada ““Reconquista””. En el caso de los territorios cristianos la milicia urbana era reclutada y dirigida por las autoridades locales, basándose en los privilegios concedidos para ello a través de los Fueros, Cartas Pueblas y otros documentos fundacionales. Siendo sus principales funciones la construcción y reparación de fortificaciones, vigilancia del recinto y murallas de la urbe, defensa de la ciudad en caso de cerco, acudir al Apellido y sumarse a las cabalgatas e incursiones en territorio enemigo, cuando así lo ordenasen las autoridades locales. Además debemos agregar a lo anterior, la obligación de unirse a la hueste real cuando el rey así lo solicitase.
La relación entre la corona y los concejos era constante, al punto de estar altamente normada a través de los Fueros locales. El llamado a incorporarse a la hueste real, conocido como Fonsado, si bien en sus inicios era bastante amplio, a partir del siglo XI fue cada vez más frecuente que se impusieran limitaciones al tipo de servicio, la cantidad de hombres y los costos de la campaña. De hecho fue común que las ciudades alejadas de la frontera e incluso particulares afectados por el llamado real, permutaran su servicio por un impuesto especial llamado Fonsadera. Estas limitaciones terminaron por restringir la obligación del Fonsado, sólo a las poblaciones fronterizas, las cuales debían servir por un periodo limitado de tiempo, por lo general entre 45 días a tres meses, durante los cuales el Concejo debía subsanar los gastos de sus hombres. Acabado ese tiempo, si el rey quería conservar las tropas debía pagar su manutención con el dinero de las arcas reales. También se hicieron frecuentes las limitaciones sobre el número de hombres obligados a acudir, por ejemplo solo uno por cada casa o solo los caballeros. Así como otras restricciones como que la campaña se realizara a cierta distancia de la población o que solo era obligatoria la asistencia si es que el rey mismo encabezaba la expedición. A fin de cuentas esta reglamentación, se tradujo en una creciente falta de hombres para algunas campañas, lo que obligó a la corona, en especial a partir del siglo XIII, a conceder fueros más generales y a reglamentar el llamado de las milicias. Un testimonio de lo anterior podemos encontrarlo en la Crónica de los Reyes de Castilla, que con posterioridad a los hechos relatados, nos narra las dificultades de Alfonso X para reclutar a los concejos de frontera y las medidas que tomo al respecto:

E leyendo este rey don Alfonso esta guerra que tenía comenzada con los moros en que se gastaban muchos caballos, é otrosí commo muchos de las villas se excusaban de lo servir por el llamamiento que les facia de cada año para la frontera, é en que aquel tiempo iva cada uno á servir tres meses por lo que avia, ca el Rey non les daba nada de las fonsaferas, é porque de las extremaduras avia más gentes para su servicio que de las otras villas de su reino, é porque oviesen razon de mantener é criar los caballos é estubiesen prestos cada que los él llamase, ordenó que oviesen los alcaldes en toda la Extremadura en esta manera: que cualquier home que mantoviese caballo é armas, que fuese excusado de la martiniega é fonsadera, é que oviese excusado sus amos é molineros é hortelanos é yugueros é mayordomos é apaniaguados, é por esto que fuese tenudo de ir a servir á la frontera cada que el Rey le llamase sin le dar el Rey otra cosa ninguna por los tres meses del servicio. Este ordenamiento fizo el Rey con acuerdo de los de las Extremaduras que eran y con él, é enviole a las cibdades é villas é logares de la Extremadura: é este ordenamineto fue fecho por los labradores é caballeros ó por otros cualesquier que quisieren mantener los caballos é aver la franqueza par sí é para sus excusados.

Las dificultades que este tipo de tropas ofrecían eran frecuentemente destacadas por los cronistas, que incluso dejan ver un cierto tono de reproche hacia estos hombres que por haber cumplido su tiempo de servicio foral podían retirarse en mitad de una campaña, pese a que esta pudiese no haber concluido, tal como ocurrió durante el cerco de Úbeda, donde acudieron los Concejos de Toro, Zamora, Salamanca y Ledesma, bajo el mandado de Fernando III. Estas recriminaciones no deben extrañarnos si recordamos que la gran mayoría de los cronistas eran clérigos convencidos de ser participes de una Guerra Santa, una misión divina más importante que cualquier norma hecha por los hombres:
En el invierno siguiente, era de 1271, en la fiesta de Epifanía, el rey asedió Úbeda con los nobles y no muchos pueblos del reino leonés, y el pueblo de Toro, de Zamora, de Salamanca y Ledesma, que acudieron, al mandato del rey, al asedio de la citada villa en gran multitud y con mucho aparato.
Pero llegado el término hasta el que estaban obligados a seguir al rey según su propio fuero, como ellos decían, antes de la toma de la villa, volvieron a sus propias tierras….
En otras ocasiones era el mismo rey quien licenciaba a las tropas, cuando consideraba que ya no eran necesarias o que su partida podía aligerar la carga logística de la campaña.
Pese a todas las dificultades y limitaciones que las milicias concejiles podían causar, eran tropas bastantes apreciadas por los reyes castellano leoneses, debido a su experiencia militar, su conocimiento del enemigo y geografía de la zona de conflicto, por su bajo costo (siempre y cuando la campaña no durase demasiado) y por su estado de preparación casi permanente, lo que permitía formar un cuerpo de combate en poco tiempo. Por ello no es de extrañar que algunos concejos se viesen obligados a participar anualmente en expediciones de defensa y hostigamiento, como nos relata la Chronica Adefonsi Imperatoris, respecto a los Concejos de Toledo y la frontera, que debían formar ejércitos continuamente y hacer la guerra a los musulmanes cada año.
Aparte de su servicio en la hueste real, las milicias concejiles eran libres de realizar sus propias acciones de guerra contra los moros, frecuentemente cabalgatas motivadas por el deseo de obtener botín, siempre y cuando estos actos bélicos no fuesen contrarios a los intereses de la corona. Era precisamente esta autonomía, lo que permitía a las milicias contar con bastante especialización guerrera, organización y experiencia que las convertían en tropas imprescindibles pese a sus propias limitaciones.
Las huestes concejiles, pese a no ser una fuerza militar profesional, debido a su permanente actividad bélica conformaban una fuerza bastante organizada, dividida en las tres ramas militares propias de las unidades de combate medievales, es decir caballeros y hombres montados, ballesteros u arqueros y peones (infanteria). A los que se deben sumar algunas fuerzas especializadas en materias como reparación de puentes y caminos, construcción de máquinas de ingenio, intendencia y otros grupos convocados especialmente, como ocurrió durante el cerco de Sevilla, cuando Fernando III convocó a aquellos “Sabidores de la mar”, para que construyeran naves con las que cortar las vías fluviales de la ciudad.
En las ciudades de frontera, surgió un tipo de tropa concejil, que consideramos prudente analizar en un párrafo aparte. Nos referimos a lllamados “caballeros villanos”. En ciudades como Ávila, la constante actividad guerrera y el beneficio económico obtenido a través de los flujos continuos de botín, fue perfilando un tipo de guerrero de origen plebeyo, pero que tenía la capacidad de adquirir una montura y armamento que lo equiparaba a los caballeros nobles. En forma paralela también se fueron enriqueciendo gracias a la posesión de tierras, ganado y otros bienes, con lo que se convirtieron en un influyente grupo social que solía acaparar los cargos concejiles, reservados a los plebeyos, logrando así la administración de las ciudades y la dirección de las campañas bélicas. Con el paso del tiempo lograron de parte de la corona y nobleza, cierto grado de reconocimiento a su condición y en la práctica, se les igualó a los hidalgos, siendo dotados además de algunos privilegios nobiliarios como la excepción a ciertos impuestos. Este grupo social, fue protagonista de muchas de las acciones bélicas de la “Reconquista” y es frecuentemente nombrado en las crónicas, lo que nos habla de su importancia y de los beneficios que se podían lograr en la vida fronteriza hispánica.
Una particularidad de los concejos y sus milicias era lo que podríamos llamar su “doble dependencia” es decir su lealtad al rey y a los propios intereses de la villa. Este fenómeno es claramente visible en los periodos de guerra internas que sacudieron Castilla y León durante el siglo XII, donde las milicias de distintas localidades se enfrentaron entre sí en respaldo de su respectivo candidato al trono. Es de notar que los cronistas en general no expresan reproche a esta circunstancia particular, ni relatan represiones por parte del bando triunfante hacia aquellos concejos derrotados, lo que se podría deber a la necesidad de no desestabilizar ni despoblar aún más la frontera, exponiéndola a una reacción por parte de los musulmanes:

E la guerra que ovo con el rey de León sirviendole otrosí bien e lealmente, e señaladamente tovieron castellanos en el reyno de León. Vlasco Muñoz, el sobervioso, tobo El Carpio: e Nuño Mateos, Monterreal e Alpalio e Berrueco pardo. E estos, con cavalleros de Avila, vençieron al consejo de Salamanca el día que el rey don Alonso vençio en la batalla de Ubeda…

Acaeció otra vez que don Sancho Fernandez vino con tresçientos cavalleros de tierra León e con el consejo de Salamanca e de Toro e de Alva e de Salvatierra. E llegó a un lugar que dizen Arevaldillo, a quatro leguas de Avila, e embió de los unos e de los otros tresçientos cavalleros que fuesen en algara e corriesen a Avila.

E los de Avila ovieron sabiduría dellos, e salió todo el consejo contra ellos, e encontrándose con los del algara en Peña Aguda, a dos leguas de Avila.

Esta “indulgencia” respecto a los consejos derrotados en pugnas internas o dinásticas, no era tal en aquellas ocasiones en que las milicias urbanas se vieron involucradas en rebeliones contra el legítimo soberano. Este era un acto gravísimo que cuestionaba la legitimidad del rey y que por ende solía ser reprimido con violencia y normalmente terminaba con la muerte de los cabecillas de la revuelta.
En circunstancias normales, cuando las milicias eran requeridas por el rey, éstas solían sumarse a las muy heterogéneas huestes reales, que solían componerse además de hombres de la mesnada real, milicias señoriales, órdenes militares y mercenarios, principalmente. En estos casos lo habitual era que las milicias no se dispersaran entre el ejército, sino que mantuvieran su estructura y mandos integrados, a veces sirviendo como parte de unidades mayores, pero sin fusionarse con ellas. De esta forma los milicianos conservaban su jerarquía, símbolos y banderas, manteniendo así la cohesión típica de las fuerzas compuestas por hombres que luchaban junto con sus vecinos y amigos.
Por su estratégico papel en los conflictos peninsulares, las milicias no podían estar exentas de los cambios políticos que se empezaron a experimentar a partir de la segunda mitad del siglo XII con el fortalecimiento del papel de la monarquía. La corona, a medida que demostraba una mejor capacidad de organizar el esfuerzo bélico y ordenar su estrategia, fue restando autonomía a las fuerzas concejiles y encauzando sus acciones guerreras en propósito de los intereses reales. Esto, que en la práctica significaba una menor autonomía para iniciar campañas y cabalgatas de mutuo propio no implicó la desaparición de la forma de vida fronteriza, donde la guerra y sus beneficios económicos eran ya una tradición demasiado arraigada y necesaria para la economía de la zona, por lo que las acciones particulares fueron más esporádicas pero siguieron siendo una constante. Se podría concluir que con el paulatino fortalecimiento y centralización del poder real los habitantes de la frontera se vieron obligados a obedecer y sumarse a las estrategias de largo alcance del rey, pero sin que eso significase que renunciasen a sus beneficios ni a su modo de vida fronterizo.
Raimundo Meneghello

lunes, 9 de agosto de 2010

Wolin 2010

domingo, 8 de agosto de 2010

Fabricando un hacha larga

Hace no mucho, tratamos el tema de fabricación de un hacha de mano. Pudimos ver, como era realmente fácil y simple. Ahora veremos como fabricar un hacha larga, cosa que es igualmente fácil. Las hachas largas se utilizan tras nuestra línea de escudos, siendo utilizadas, o bien para agarrar los escudos enemigos abriendo hueco entre las filas enemigas. Permitiendo así que las espadas de los nuestros puedan tajar a los contrarios . O bien para golpear directamente las cabezas y yelmos de los enemigos.
Un guerrero con hacha larga, necesita las dos manos para golpear. Es por ello que no puede utilizar un escudo, quedando de tal forma expuesto a los ataques. De ahí la vital importancia de situarse tras la línea de defensa, en una segunda línea. Así la primera línea armada con escudo, hachas o espadas. Sirve de defensa y ataque, para que la segunda línea de ataque, compuesta por hachas largas y lanzas. Encuentren hueco y causen bajas a los enemigos.
Al estar situados en la segunda línea de ataque, es razonable pensar que nuestro palo, tenga que ser suficientemente largo, como para poder salvar a nuestros compañeros de la primera línea, y aun así llegar al ataque al contrario.
En nuestro caso, recorrimos la montaña en una jornada de senderismo, buscando y recopilando todo tipo de palos gruesos y largos, haciendo a posteriori una selección de los mas apropiados para el hacha.
Finalmente encontramos un palo de unos 2:30 m, y de un grosor considerable como para aguantar los golpes sin quebrarse. También puede comprarse un palo en alguna fabrica de madera, pero sinceramente pensamos que usar palos del campo caídos por el viento o cualquier otra causa, además de ahorrar madera, da un toque mas natural e histórico al arma. Hemos de comprender que en los siglos IX al XI, la mayor parte de la gente que utilizaban hachas, eran campesinos, o simples guerreros muy alejados de la nobleza. Queremos decir, que no había grandes fabricas de madera, las cuales nos cortaran un palo perfectamente lineal y limpio. Muy al contrario, lo normal era que se utilizaran palos de los bosques o campos. Además de todo esto, puede ser una buena ocasión para aventurarse en la montaña o bosques de nuestra tierra, respirando de su naturaleza.
En segundo lugar necesitamos la cabeza del hacha. Ya comentamos en el anterior articulo, donde comprar con facilidad cabezas de hachas. Reiteramos una vez mas, no dejarse impresionar por el cine, comprando una cabeza muy grande, espectacular y pesada. La principal utilidad de un arma es atacar y matar. Es así, esa es la realidad. Por lo cual, el principal objetivo que tenemos que mirar, es su fácil manejo, tanto para atacar, como para defender. Traduciendo esto, seria algo así como: cuanto menos pese un arma mucho mejor. Una cabeza muy pesada, nos ofrecería un golpe potente, pero resultaría muy costoso recuperar el arma para reatacar, además de ser mas lento. Una cabeza “pequeña” nos daría menos potencia de golpe, pero mortal y dañino igualmente. además de ser mas ligera, traduciéndose en mas velocidad para repetir ataque y defender. Por ejemplo, una de las armas mas mortales de la historia, fueron los picos /martillos de la baja edad media. Pequeñas armas en apariencia, pero capaces de romper las potentes armaduras del siglo XIV. Incluso hoy en día los picos son armas prohibidas en recreaciones por su potencia de golpe. El procedimiento para encajar el hacha es idéntico al de una mano. Limando o cortando con un machete la parte del palo donde queremos incrustar nuestro arma, hasta que tenga el grosor deseado. Después meter el hacha a martillazos para que quede bien incrustado, imposibilitando así que salga despedida. No es mala idea, serrar la parte superior y clavar una cuña en la ranura.
Una vez todo terminado, tendremos un hacha larga para soldados de infantería. Creo que en los diferentes reinos de España, no se utilizo este arma en los siglos IX – XI. Al menos no recuerdo ninguna iconografía de la época donde se vea este arma. Pero si fue un arma utilizada por pueblos norteños, vikingos, sajones, daneses.. en la batalla de hastings fue donde se utilizo por primera vez este arma, causando muchas bajas entre los normandos.

Batallla de Grunwald 1410 - Polonia

La conquista del reino suevo

Este reino germánico como ya sabemos, perdió toda capacidad expansiva tras la derrota del río Orbigo, en la que demostró una inferioridad bélica notable frente a los visigodos. Los reyes que sucedieron a Reckiario no mejoraron su capacidad militar, distinguiéndose, como dice Torres Rodríguez, por sus rapacerías y sus ataques a las poblaciones desarmadas o grupos de campesinos, que por luchar con éxito contra los visigodos. Eran, según afirma el propio autor, “mas codiciosos y turbulentos, que tenaces y heroicos”. Pero a pesar de todos estos defectos no estaban exentos de astucia, habilidad política y relativa fuerza, lo que les permitió subsistir durante 177 años
Sin embargo, esta situación llego a su fin cuando los visigodos se empeñaron en conseguir el dominio completo de Hispania, coyuntura en la que hay que enmarcar el final del reino suevo.
En el 573, Leovigildo, tras haber combatido duramente a los bizantinos en el sudeste de Hispania, decidió enviar a sus ejércitos al norte. Ese mismo año conquisto la región de Sabaria, devastando las tierras de sappi. Thompson y Orlamdis piensan que se trataba de un reino semiindependiente de Asturias.
En el 574 le toco el turno a Cantabria, una región situada entre las tierras de Santander y Burgos, según Ordalis. El rey godo extermino a todo senado de Cantabria, uno de cuyos componentes se llamaba Abundantius, un nombre romano, y conquisto Amaya. Historiadores nacionalistas vascos como Orella Unzue consideran que esta campaña fue contra los cantabros y los vascones y que estos últimos fueron expulsados de Amaya; mientras que Torres Rodríguez afirma que eran suevos. Sin embargo, las fuentes que tratan esa época, fundamentalmente la vida de san Emiliano, escrita por San Braulio de Zaragoza, rechazan esta interpretación, afirmando que los verdaderos gobernantes de esa zona eran terratenientes hispanoromanos deseosos de crear una estructura política independiente en la zona.
Al año siguiente, el 575, el ejercito visigodo penetro en las montañas de Orense, zona limítrofe con el reino suevo, y se apodero de un príncipe llamado Aspidio junto con su esposa e hijos, apoderándose de la región. En el 576 le toco el turno al propio reino suevo.
Dos años antes, el monarca del mismo, Mirón, aterrado por las campañas de Leovigildo, había enviado una embajada al gran enemigo de los visigodos, Gotran de Borgoña. Sin embargo, no pudo llegar a su destino, pues Chilperico les intercepto. Es muy posible que al enterarse de lo ocurrido el monarca visigodo decidiese castigar a los suevos. Porque, como dice Torres Rodríguez:

“Leovigildo debió de ser unos cinco o seis años mas viejo que Mirón: de suerte que le supero en edad, y sobre todo en talla polotica y guerrera”

Pero esto no fue posible por el momento. Según el citado historiador gallego, la causafundamental fue:

“la resistencia que debieron de ofrecer en esta acción los suevos y gallegos, hermanados en idéntica fe católica, aumentada con la guerra o guerrillas de montaña, difícil para la caballería goda”

Pero es mas probable que fuese la situación en el sudeste de Hispania la que obligo a Leovigildo a aceptar la oferta de paz de Mirón, dejando el castigo de los suevos para mejor ocasión.
En los años siguientes, y temiendo un nuevo ataque visigodo, el rey suevo intento debilitar la monarquía toledana. La ocasión se le presento cuando estallo la rebelión de San Hermenegildo, de la que luego hablaremos. Mirón, no solo apoyo al hijo católico de Leovigildo, sino que envió embajadores a Gotran de Borgoña y al emperador Mauricio para unirlos en una gran coalición contra el monarca visigodo.
Sin embargo sus proyectos no fructificaron, y a la hora de la verdad fue el único apoyo para el rebelde. No obstante, no dudo en cumplir sus compromisos, trasladando un ejercito a Sevilla en el año 583 con objetivo de combatir al lado de Hermenegildo. Pero sus fuerzas fueron cercadas por los visigodos y Mirón obligado a firmar un duro tratado de paz que fue acompañado de una promesa de permanecer fiel y leal a la monarca visigodo. Esto le permitió salvar su ejercito y regresar a Galicia. Poco después, el joven rey, murió. Según Gregorio de Tours, victima de las aguas infectas y de los aires nocivos de la España meridional. Torres Rodríguez nos ha dejado, por su parte, un relato mas poético de las causas que provocaron el fallecimiento de este monarca.

“Había sido cobarde ante la mirada escrutadora y terrible de Leovigildo; había traicionado sus ideales, aunque fuera a precio de salvar su vida y la de sus soldados. Cobardía y traición eran crímenes imperdonables que roerían su conciencia de germano y de caballero; por ello fue presa del desaliento y desconsuelo al considerarse fracasado”

La muerte de Mirón significo el principio del fin de la monarquía sueva. Su sucesor, Eurico o Eborico, era un joven de carácter apocado, tal vez demasiado niño, que siguiendo las recomendaciones de su padre moribundo, o quizá de sus consejeros, opto por seguir una política de sumisión a Leovigildo. El monarca visigodo le exigió un juramento de fidelidad y a continuación le hizo entrega simbólica del reino. Esto puede indicar que ya en esta época el reino suevo era una especie de feudo de los visigodos. Esta afirmación de Torres Rodríguez, teniendo en cuenta la época histórica, hay que aceptarla con cuidado.
Esta política de sumisión a Leovigildo provoco una reacción muy temprana entre la nobleza del reino bajo la dirección de Audeca o Andeca, un noble suevo prometido o esposo de la hermana del joven rey.. los rebeldes reunieron un ejercito que se enfrento a las tropas reales, derrotándolas completamente en el año 585. Audeca ordeno que Eurico fuera torturado y, por tanto, reducido a la condición de clérigo. Poco después le nombro presbítero, a la vez que se desposaba con su madre Siseguta, viuda de Mirón.
Leovigildo estaba entonces ocupado con la sublevación de su hijo Hermenegildo. Sin embargo, las noticias que provenían del noroeste de la Península debieron preocuparle bastante, pues decidió enviar una expedición contra Audeca.
Esta expedición, que habría de conquistar el reino, se desarrollo en menos de un año.
El ejercito visigodo opto por seguir la vía costera occidental, pues la ruta montañosa que había tomado en la operación del 576 era demasiado difícil. Según Torres Rodríguez, la ruta fue Evora, Beja, Lisboa, Santarém, y Coimbra. Desde esta ciudad cruzo el Duero y se apodero rápidamente de Oporto. Sin detenerse, pues la sorpresa era su mejor arma, tomo Braga. Allí apreso a Audeca y se apodero del tesoro de los suevos. La reacción del monarca visigodo fue igual que la que este había tenido con su antecesor en el trono: Audeca fue tonsurado, ordenado presbitero, y recluido en el monasterio de Beja.
La toma de la capital y la prisión del monarca suevo supusieron el final de este reino, pues la nobleza se rindió en masa a Leovigildo. San Isidoro escribe: “Destruido el reino suevo, paso al poder de los visigodos”. Por su parte, Juan de Biclaro afirma que “El rey Leovigildo devasta Galicia, desposee el reino al rey Audeca apresado y somete a su poder el pueblo, el tesoro y patria de los suevos, y hace provincia de los godos”. Sin embargo, salvo lo que hemos apuntado con anterioridad, carecemos de datos precisos sobre el desarrollo de la campaña. No sabemos nada de la composición de los ejércitos contendientes ni de los principales combates, teniéndonos que conformar con la afirmación de Juan de Biclaro de que la campaña del monarca godo había sido rápida y devastadora.
Al enterarse de la caída del reino suevo, el gran enemigo de los godos, Gotram de Borgoña, decidió enviar una flota en su ayuda. Según Gregorio de Tours, las naves fueron interceptadas y apresadas por la armada de Leovigildo. Es muy posible que aunque estas naves no pudieran cumplir su misión, los agentes de Gontran fueran en parte responsables de la sublevación del noble suevo Amalarico. Pero esta acción estaba condenada al fracaso desde su mismo comienzo; pues el ejercito visigodo, que controlaba los pasos pirenaicos, y la armada, que hacia lo propio con las costas atlánticas de Hispania, impedían cualquier posibilidad de ayuda exterior a los rebeldes. Y sin esta ayuda no podían soñar con el triunfo. No obstante, los generales de Leovigildo no se confiaron, y actuando con rapidez, sofocaron la revuelta, tomaron prisionero a Amalarico y se lo entregaron a Leovigildo encadenado.
Con este ultimo y frustrado intento de solevación, termina la historia del reino de los suevos en Hispania. A partir de este momento, pasa a ser la sexta provincia del reino godo.
Roberto Muñoz - El ejército visigodo desde sus orígenes a la batalla de Guadalete

martes, 3 de agosto de 2010

Nos vamos

Y nosotros, con todos nuestros respetos hacia los lectores. Vamos a tomarnos unas vacaciones temporales. La próxima semana estaremos de regreso por estos lares. No nos marchamos todos, pero aun cuando algunos se quedan en sus reinos, la mayoría de nosotros viajaremos lejos para diferentes quehaceres.
Nos vemos tras nuestras vacaciones llenos de nuevas aventuras, historia, identidad y batallas

Este fin de semana sera Wolin

Por fin ha llegado el momento. Este fin de semana tendrá lugar uno de los mas grandes festivales del mundo eslavo vikingo de Europa. El festival de Wolin, donde realmente luchar deja de ser una afición para transformarse en supervivencia.

Exhibicion de combate en Madrigal


Exhibición de combate y armas de combate durante el festival medieval identitario de Madrigal. La explicación mezcla armas y defensas de distintas épocas. Siglo XIII y siglo XV etc.